sábado, 24 de junio de 2017

Mundos transfigurados


Creía que al final no iba a poder visitar la exposición de Escher abierta en el renovado Palacio de Gaviria, pero resulta que la han prorrogado hasta finales de septiembre, así que no tenía que haber ido con prisas y  a la carrera.

Se me presentan varios interrogantes sobre esta muestra, no siendo el menor el destino del espacio expositivo. Su sede es el Palacio de Gaviria, en cuyo edificio se alojaba el antiguo decomisos, y que llevaba largo tiempo cerrado. Aunque se presenta como completamente renovado. es patente el estado de abandono en que debía encontrarase hasta que lo compró el grupo italiano Arthemisa, como sede de sus exposiciones en Madrid. ¿Y quién es Arthemisia? Pues una empresa privada que desde el 2000, según indica su web, se dedica precisamente a eso, a organizar muestras de arte, y que ya hace unos años se ocupo de la Muestra Kandinski en el CentroCentro 

Lo de privado se nota en el elevado precio de la entrada y en que te obliguen a cargar con la audioguía, aunque lo primero se ha convertido en tónica general del panorama expositivo desde que estalló la Gran Recesión. El arte, debido a esta crisis, se ha convertido en un privilegio, no en un bien común a todos, de manera que las exposiciones de acceso libre han desaparecido por completo, mientras que los museos han subido considerablemente el precio de sus entradas. 

En fin, son los tiempos que nos han tocado vivir. 

jueves, 15 de junio de 2017

Espejismos

La poesía no quiere saber qué hay al final del camino; concibe el texto como una serie de estratos translucidos en cuyo interior las distintas partes - las distintas corrientes verbales y semánticas -, al entrelazarse o desenlazarse, reflejarse o anularse, producen momentáneas configuraciones. La poesía busca, se contempla, se funde y se anula en las cristalizaciones del lenguaje, Apariciones, metamorfosis, volatilizaciones, precipitaciones de presencia. Estas configuraciones son tiempo cristalizado: aunque están en perpetuo movimiento, dan siempre la misma hora - la hora del cambio. Cada una de ellas contiene a las otras, cada una está en las otras; el cambio es sólo la repetida y siempre distinta metáfora de la realidad.

Octavio Paz, El mono gramático.

Ya en otras ocasiones, les he hablado de mi admiración por el escritor mejicano Octavio Paz. Ella me ha llevado a que, entre otras cosas, haya estado leyendo estas últimas semanas una integral de sus poemas, completada por las muchas traducciones de poesía, francesa, inglesa, oriental, en las que se embarcó.

A pesar de lo mucho que me gustó el primer omnibus de su obra poética, el llamado Libertad bajo palabra, compilado por el propio autor en los años cincuenta, abordé la lectura de su poesía posterior con cierta aprensión.  En parte, porque Libertad bajo palabra adolecía de ser una obra de juventud, que mostraba demasiado bien a las claras los muchos tanteos, vagabundeos y vueltas atrás que Paz había dado antes de encontrar una voz propia. Su primera parte estaba lastrada por un clasicismo teñido de modernismo que pronto se revelaba estéril a la hora de expresarse, simplemente porque todo lo que podía decirse con esas herramientas estaba ya dicho, sin que fuera posible evitar repetirse. Sólo en la segunda parte, cuando Paz asimilaba las influencias de la vanguardia, especialmente el surrealismo, su voz comenzaba a ser personal, a mostrarnos un mundo nuevo en donde tanto el lector como el autor podían aventurarse sin saber lo que en él les esperaba, aunque fuera perderse sin destino.

Por otra parte, la inspiración de los grandes poetas tiende a desvanecerse tras unos pocos poemas brillantísimos. Al leer la obra tardía de Paz,  por tanto, esperaba asistir a una larga e inevitable decadencia. No fue así, por suerte. El escritor mexicano se reveló como uno de esos escasos poetas capaces de dar a luz una obra larga y valiosa, atravesada por una tensión interna que no cede con la vejez. Tiempo final en el que Paz dio a luz a algunas de sus mejores obras, como este Mono gramático que ahora les comentó, extensísimo poema en prosa en el que se asiste a una doble, casi triple disolución. La del lenguaje, al intentar plasmar una realidad que siempre se le escurre entre los dedos. La de la percepción, al intentar poner un orden en lo que no son sino acontecimientos engarzados por el azar. La de la historia, en definitiva, cuyos afanes culminan siempre en fracaso, cuyo mayor triunfo se reduce a pervivir en ruina, invadido por gentes de cuya memoria se desvanecieron - nunca existieron - los constructores y que destinan esos espacios, antaño sagrados y secretos, a fines completamente distintos de los que los motivaron.

Para entender esta obra, no obstante, hay que darse cuenta de que constituye un epítome de las influencias de las que se alimento la poesía de Paz. Por un lado, el surrealismo, con su afán por buscar alianzas contra natura entre las palabras, de las cuales surgieran, en un chispazo repentino, nuevas zonas de conocimiento. La poesía, en manos de los surrealistas y sus epígonos, recuperaba así la magia que antaño constituyera su esencia y que había quedado sepultada por rima y métrica. Reducida a un mero mecano cuyas piezas se montaban siguiendo siempre los mismos modelos. Resurrección que, por su propio paso por la muerte, no podía ya separarse de la ironía y la amargura. Porque esa iluminación poética de la poesía se revelaba baldía, nula. Incapaz de llevarnos al conocimiento, que no estaba ni dentro, ni fuera de ella.

Las relaciones entre la retórica y la moral son inquietantes: es turbadora la facilidad con que el lenguaje se tuerce y no lo es menos que nuestro espíritu acepte tan dócilmente esos juegos perversos. Deberíamos someter el lenguaje a un régimen de pan y agua, si queremos que no se corrompa y nos corrompa. (Lo malo es que régimen-de-pan-y-agúa es una expresión figurada como lo es la corrupción-del-lenguaje-y-sus-contagios.) Hay que destejer (otra metáfora) inclusive las frases más simples averiguar para qué es lo que encierran (más expresiones figuradas) y de qué y cómo están hechas (¿de qué está hecho el lenguaje? y, sobre todo, ¿está hecho o es algo que perpetuamente se está haciendo?). Destejer el tejido verbal; la realidad aparecerá. (Dos metáforas.) ¿La realidad será el reverso del tejido, el reverso de la metáfora - aquello que está del orto lado del lenguaje? (El lenguaje no tiene reverso ni cara ni lados.) Quizá la  realidad también es una metáfora (¿de qué y/o de quién?). Quizá las cosas no son cosas sino palabras: metáforas, palabras de otras cosas. ¿Con quién y de qué hablan las cosas-palabras? (Esta página es un saco de palabras-cosas.) Tal vez, a la manera de las cosas que hablan con ellas mismas en su lenguaje de cosas, el lenguaje no habla de las cosas ni del mundo: habla de sí mismo y consigo mismo. (Thougths of a dry brain in a dry season). Ciertas realidades no se pueden enunciar pero, cito de memoria, “son aquello que se muestra en el lenguaje sin que el lenguaje lo enuncie”. Son aquello que el lenguaje no dice y así dice. (Aquello que se muestra en el lenguaje no es el silencio, que por definición no dice, ni aquello que diría el silencio si hablase,, si dejase de ser silencio, sino…) Aquello que se dice en el lenguaje sin que el lenguaje lo diga, es decir (¿es decir?); aquello que  realmente se dice (aquello que entre una frase y otra, en esa grieta que no es ni silencio ni voz, aparece) es aquello que el lenguaje calla (la fijeza es siempre momentánea)

Por otra parte, ese mantillo surrealista, recogido de primera mano por Paz en el hirviente ambiente del París de postguerra, era el substrato ideal para que en él germinase la influencia del hinduísmo, del oriente en general. Otra cultura, en principio opuesta, refractaria, a la occidental que el escritor conoció también de primera mano, en sus viajes y como embajador de su país, México, en esas tierras. Un modo de pensar cuyo principal objetivo, cuya razón de ser, es abolir toda racionalidad, todo intento por conocer, organizar, gobernar el mundo. Por mostrar al individuo, al ser humano, como corcho a merced de las fuerzas naturales, para las que es, en suma, indiferente. 

Toda actividad, toda gloria, todo combate confluye y se resume en fracaso. Pero sin que esto suponga paradójicamente derrota, sino un extraño triunfo. De la aceptación de la transitoriedad, de su falta de significado, se desprende innegable la posibilidad de un viaje infinito. De interminables variaciones en la percepción y descripción del mismo objeto, sin importan su valor o su importancia.

En definitiva, de convertir cada momento en único, por su misma cualidad de incognoscible, por su misma esencia de irrepetible. 

Por la imposibilidad, en definitiva de agotarlo y comprehenderlo.

sábado, 10 de junio de 2017

La red y la expansión (X)

Während der Kolonialzeit haben öffentliche wie private Investoren ihr Geld vor allem im Exportsektor im weiteren Sinn angelegt. Das Ergebnis war eine einseitig auf Ausserhandel orientierte Wirschaftsentwicklung. Es wurde zwar die Produktion ermutigt, aber aus europäischer Perspektive, denn Investoren und Administratoren wussten viel von europäischer Nachfrage, aber wenig von Afrikanischen Bedürfnissen und Gewinnmöglichkeiten. Kurzum, es ging um Maximierung der Produktivität der europäischen Wirtschaft, häufig nicht einmal um Maximierung  der Profite im Afrika. Es wurden manchmal ökonomischen unsinnige Investitionen vorgenommen, wie in die Baumwollproduktion im Ubangi-Schari, die unter prohibitiven Transportkosten litt und Jahrzehnte brauchte bis sie rentabel wurde. Auch wo öffentliche Hände in Infrastruktur investierten, geschah dies nicht primär zur Entwicklung lokaler Produktivität um ihrer selbst willen, sondern welthandelsorientert. Auf diese Weise kam Afrika zu einem so eigentümlichen Verkehrsnetz, dass bisweilen Telegramme in eine Nachbarkolonie über Europa laufen wurden.

Wolfgang Reinhard, Die Unterwerfung der Welt

Durante el colonialismo los inversores, tanto públicos como privados, ponían su dinero ante todo en el sector de exportación, en sentido amplio. El resultado fue un desarrollo económico orientado exclusivamente hacia el comercio exterior. La producción se organizaba más bien desde una perspectiva europea, puesto que los inversores conocían bien la demanda de Europa, pero poco las necesidades africanas y las posibilidades de éxitos. En pocos palabras, se trataba de alcanzar un máximo de productividad de la economía Europea, casi en ninguna ocasión de los beneficios en África. A veces, se realizaron inversiones sin sentido económico, como la producción de algodón en Unbangi-Schari, que padecía de unos costes de transporte prohibitivos y sólo llegó a ser rentable pasados decenios. Asímismo, donde los poderes públicos invertían en infraestructura, no tenían como objetivo primario el desarrollo de la productividad local, sino que se orientaban al comercio exterior. De ese modo se construyó en África una red de comunicaciones tan peculiar, que los telegramas entre colonias vecinas tenían que pasar por Europa.

Les había hablado en entradas anteriores que la expansión europea puede dividirse en dos fases, situadas a ambos lados de la fecha de 1750. En la primera, la influencia de Europa es predominantemente comercial, excepto en América, de manera que las civilizaciones autóctonas de África y Asia pudieron seguir sus trayectorias propias, sin preocuparse demasiado por los nuevos entrometidos de piel blanca. En la segunda etapa, sin embargo, la intromisión es eminentemente política, manifestándose bien en forma de conquista y dominio, como en la India, o en modificación de las estructuras políticas nativas cuando así convenía, como en China. 

Les había indicado también como durante el siglo XIX el resto de sociedades del mundo tuvieron que adoptar una postura frente a las ideas europeas, fuera ésta de rechazo, asimilación o aceptación. De hecho, todas ellas, incluso desde fechas muy tempranas al principio de ese siglo, estaban ya en proceso de cambio acelerado, de manera que el mundo actual podría ser muy distinto si no hubieran interferido las potencias europeas en su desarollo. La gran mayoría de estas refundaciones culturales y políticas autóctonas fueron abortadas, salvo la excepción japonesa, bien porque esos países terminaron siendo colonias, bien porque la acción europea les mantenía en constante estado de inestabilidad.

Hacia 1900, en consecuencia, el mundo era Europeo y puede decirse que no quedaba ya sociedad alguna cuyo destino no dependiese de los acontecimientos locales en las potencias coloniales. Esta repercusión podía ser directa, debido al gobierno directo europeo, como en la mayor parte de África, o indirecta, como en China y Japón, ya que todas las redes comerciales se habían fundido en una sola. La producción de los lugares más remotos estaba dictada, por tanto, por lo que se decidiera en las bolsas de Nueva York, Paris, Londres o Berlín, aun incluso cuando ninguno de los participantes tuviera consciencia de los lazos que les ataban.

La cuestión, no obstante, es otra, cuya respuesta sigue provocando debates airados en nuestro mundo ya postcolonial. Se trata simplemente de sí el imperialismo, en sus diferentes versiones, fue beneficioso para los países  afectados.


jueves, 8 de junio de 2017

Iluminando la penumbra (y2)

Les hablaba, en una entrada anterior, del libro de Frances Borzello, Seeing Ourselves: Women's Self-Portraits, dedicado a trazar la historia del autorretrato  desde un punto de vista femenino. Recorriendo y redescubriendo, por tanto, el trabajo de las muchas pintoras de la cultura occidental, desde siglo XVI hasta nuestros días. 

Esta labor, como la de los estudios feministas en los que se encuadra, tiene una clara finalidad reivindicativa. Se trata, en primer lugar, de recuperar el nombre y la obra de todas esas mujeres que lograron lo que era casi un imposible en su época: realizar, dominar y destacar en una tarea que estaba destinada y reservada a los hombres. En segundo lugar, mostrar como esas mujeres se representaban a sí mismas en la pintura, las diferencias con la actitud en que se representaban sus colegas masculinos, además de las imposiciones exteriores que les dictaban las convenciones y prejuicios de su época, tanto interiorizados como rechazados. Sin olvidar tampoco como, a medida que la sociedad comenzaba a considerar y aceptar su labor como válida y normal, este medio de expresión era utilizado de forma más libre y osada, más reivindicativa de su condición femenina, cerrando así el círculo que motiva el ensayo.

sábado, 3 de junio de 2017

La red y la expansión (IX)

Die von ihnen oder auf ihr Drängen erlassenen Gesetze zeigen, dass sie so etwas wie Calvins Hierokratie in Genf im Sinn hatten. Auf Mord, besonder Kindstötung stand Todesstrafe, ebenso auf Götzendienst. Polygamie wurde mit rückwirkender Kraft verboten, Kuppelei, vor allem die gastfreundliche Preisgabe der eigenen Frau, und Unzucht mit Zwangsarbeit und oder Geldstrafe geahndet. Nicht nur das Arbeiten, sondern sogar das Spaziergehen am Sabbat war bei Strafe verboten. Verleumdung der Missionare oder auch nicht Anzeigen einer solchen hatten Zwangsarbeit oder Strafe nach Belieben der Missionare zur Folge, ebenso die Übernahme fremder Lehren, die Kenntnis oder Verheimlichung fremder Schriften. Auf Tätowierung, auf laszive Vergnügungen wie den ursprünglichen so belieben Tänzen, aber auch schon auf Blumen im Haar beim Gottesdienst stand Zwangsarbeit, auf Landstreicherei Zwangsarbeit und/oder Prügel. Die Taufe war zur Voraussetzung für Häuptlings- oder Richterämter geworden. Dabei wurden Denunzianten automatisch für höhere Ränge in Staat und Kirche wählbar.

Wolfgang Reinhard, Der Unterwerfung der Welt (La conquista del mundo)

Las leyes promovidas por ellos o por su presión muestran que tenían en mente una teocrácia como la de Calvino en Ginebra. El asesinato, especialmente el infanticidio era castigado con la muerte, así como la idolatría. La poligamia se prohibió con efectos retroactivos. La prostitución, incluyendo en ella la cesión de la propia esposa como muestra de hospitalidad, y la fornicación, con trabajos forzados o multas. El trabajar durante el Sabbat, incluyendo salir a dar un paseo, estaba prohibido con penas. Burlase de los misioneros o no mostrarles respeto podía ser castigado con trabajos forzados o castigos, a preferencia del misionero, incluyendo en eso la adopción de doctrinas ajenas, o el  conocimiento y la ocultación de libros extranjeros. Los tatuajes, los placeres lascivos incluyendo los bailes , incluso el portar flores en el pelo durante la misa, eran penados con trabajos forzados, el vagabundeo con trabajos forzados o flagelación. El bautismo era un requisito para ser cabecilla o juez. Por eso, los denunciantes eran elegibles para los más altos puestos en el estado o la iglesia.

Este conjunto de medidas radicales religiosas no corresponde a uno de los múltiples brotes de protestantismo integrista del siglo XVI, ni a su correspondiente reacción católica, no menos radical. Tampoco, más cercano en el tiempo, a las múltiples intentos recientes por reconstruir el Islám ideal de tiempos de los primeros califas. Se trata, sorprendentemente, de la legislación que los reyes de Tahití hicieron obligatoria para toda la isla en 1825, siguiendo las instrucciones de los misioneros protestantes llegados en 1797.

Sí, han leído bien: Tahití, 1825, 1797. Para todo Europeo, desde que los capitanes Bouganville y Cook desembarcarán allí en la segunda mitad del siglo XVIII, esa tierra era el epítome del paraíso terrenal. Un lugar en donde sus gentes vivían casi sin tener que trabajar, libres de la opresión social y de los tabúes sexuales. Especialmente de estos últimos, en claro contraste con el puritanismo y la represión habitual de la Europa cristiana. Ese concepto del indígena inocente, para el cual el pecado es un concepto inexistente, ha tenido una vida larga y continuada, sin verse contradicha incluso en nuestros días. Se convirtió incluso en acicate que llevó a muchos Europeos, como Gaugin, a trasladarse a esas tierras remotas huyendo del ambiente asfixiante de una Europa que se creía mejor, en los aspectos morales, que el resto de la humanidad.

jueves, 1 de junio de 2017

Iluminando la penumbra

The classic expression of the conflict between the period's notion of femininity and the raising of women's expectations that was the inevitable result of allowing them into the art world comes from Marie Bashkirshof: "What I long for is the freedom of going about alone, of coming and going, of sitting on the seats of the Tulleries, and especially in the Luxembourg, of stopping and looking at the artistic shops, of entering the churches and museums, of walking about the old streets at night; that's what I long for,; and that's the freedom without which one can't become a real artist. Do you imagine I can get much good from what I see, chaperoned as I am, and when, in order to go to the Louvre, I must wait for my carriage, my lady companion or my family?".

Frances Borzello, Seeing Ourselves, Women's Self-Portraits

La expresión clasica del conflicto entre la noción de feminididad de la época y el ascenso de las expectativas de las mujeres, resultado inevitable de permitirlas entrar en el mundo del arte, viene de Marie Bashkirshof: "Lo que ansío es la libertad de moverme sola, de ir y venir, de sentarme en los bancos de las Tullerías y especialmente en el Luxemburgo, de detenerme a explorar las tiendas de arte, de entrar en iglesias y museos, de pasear de noche por la ciudad vieja. Eso es lo que ansío. Y  Esa es la libertad sin la que no se puede llegar a ser un artista de verdad. ¿Crees que puedo sacar mucho de lo que veo, siempre bajo vigilancia, cuando debo esperar a mi coche, mi acompañante o mi familia, sólo para ir al Louvre?

En estos tiempos en que, para algunos, el feminismo parece tener la culpa de todos los males que aquejan a la humanidad, incluso de que el pan se ponga duro, conviene recordar lo mucho que los aficionados al arte debemos a la aparición de los estudios feministas en esa disciplina. No es ya que gracias a ellos hayamos descubierto a una serie de pintoras desconocidas o normalmente relegadas. Es que sin ellas, sin la larga lista de artistas que Borzello recoge en el libro citado, el arte de cada época se tornaría incomprensible, puesto que quedaría mutilado. Limitarse al canon transmitido, definido de forma tan parcial, pero al mismo tiempo tan precisa, como compuesto por hombres blancos muertos, nos vedaría el acceso a preguntas y respuestas esenciales. No sólo desde el punto de vista artístico, sino desde el vista social y cultural, como, por ejemplo, cuál era la auténtica penetración del arte, del gran arte, en las sociedades de su tiempo, hasta qué punto era un substrato cultural compartido por los niveles cultos de ambos sexos y en qué medida era accesible para ambos, fuera de forma profesional o como aficionado.

Aún más importante , nos permite escuchar la voz de esa mitad de la humanidad que hasta tiempos muy recientes había permanecido silenciado. Incluso todavía más importante, desde el punto de vista de un hombre, conocer ideas diferentes a aquéllas otras, esas de la masculinidad y la virilidad a ultranza,  con las que hemos crecido, con las que nos han educado y que nos han enseñado a su vez a propagar. Concepciones y puntos de vista provenientes del otro lado del espejo que, sólo con ser enunciadas, pueden tener carácter de revolucionarias, por quebrar esas convicciones sólidas que tomábamos como evidentes, cuando en realidad nunca lo fueron. 

sábado, 20 de mayo de 2017

Divergencias

La degeneración religiosa de este conflicto no favorece a Israel: Hamás, aunque con una agenda nacionalista, se reconoce como parte de la Umna árabe musulmana, una corriente antioccidental y aparentemente en alza en todo el mundo islámico, a pesar de su superficial ortodoxia salafista, mientras que el nacionalismo religioso israelí necesariamente choca por lo menos con parte del halájico-talmudista, de mayor rigor rabínico y que, aunque ya no es mayoritario entre los judíos desde hace más de un siglo, es el único que ha mantenido una continuidad de dos mil años y retiene una presencia viva en la diáspora, desde Nueva York, pasando por París, hasta Buenos Aires.
Y la deriva fundamentalista, como si no bastara con haber abrazado a judíos y musulmanes en la zona, se ve alimentada desde la distancia en Estados Unidos por un evangelismo integrista que apoya sin fisuras el expansionismo mesiánico de la derecha israelí, creyendo que sólo la restauración del reíno de Israel sobre la totalidad del espacio bíblico, a expensas de los árabes, hará posible la segunda venida de Jesús... y finalmente, dicho esto en sordina, la inevitable conversión de los judíos al cristianismo.

Roberto Blatt, Biblia, Corán, Tanaj: Tres lecturas sobre el mismo dios.

Había comenzado a leer este libro con gran interés, tanto por las buenas críticas con que venía precedido, como por la curiosidad que me despertaba el objeto de su estudio: realizar un análisis comparativo de las tres religiones abrahámicas, Judaísmo, Cristianismo e Islám. La tesis del ensayo quedaba anunciada ya desde las primeras páginas y en cierta manera era previsible, además de ser impecable desde un punto de vista histórico. Según Blatt, los distintos puntos de vista con los que las tres religiones han contemplado sus libros sagrados han sido determinantes a la hora de decidir su estructura y evolución política. Tanto, que su presente de hostilidad más o menos declarada, más o menos larvada, es una conclusión lógica de estas estructuras ideológicas, creadas hace más de un milenio.

Sin embargo, creo que el libro fracasa en el análisis detallado que hace de estos modos de pensar de las tres religiones y su plasmación en la historia. No porque sus conclusiones sean equivocadas, sino por que la amplitud del tema no se presta a ser resumida trescientas páginas escasas. Estamos hablando de más de dos mil años de historia, que afectan de pleno a dos continentes, Europa y Asia, mientras que en los dos últimos siglos su repercusión ha llegado a ser mundial. La exhaustividad pretendida queda así en conflicto con la profundidad lograda, de manera que muchos fenómenos y acontecimientos quedan reducidos a meras citas, mientras que otros centrales se describen de manera esquemática y apresurada. El libro, por tanto, divaga, salta de un lugar a otro, de un tiempo a otro, sin conseguir centrarse hasta los últimos capítulos, los mejores de toda la obra. Quizás porque son los que se refieren directamente al mundo moderno, en concreto, al dilema sin solución planteado por el resurgimiento de integrismos agresivos en las tres religiones.